la lógica de mi papá

Así es la lógica de mi papá, sin sentido, sin orden aparente, sin tema definido.

5.11.09

"Bagdag: La Lagrima de Dios" de Victor Paz Otero

Publicado por madame web |

Ignórase esa fecha artificial e ilusoria con la cual los hombres señalan en los calendarios un punto del tiempo incontenido e incontenible, pero se sabe que la historia aconteció años después de haber sido soñada y edificada por la fantasía de unos hombres iluminados la ciudad de Bagdad. Posiblemente en la época casi alucinante de Harum ar-Rashid, cuando también se soñaron, se vivieron y se escribieron esas grandes y eróticas mezquitas donde el cuerpo y el alma sospechan y creen que el Dios de todos los hombres es mujer y que la posteridad y la cultura designan como Las mil y una noches.

Narra o inventa la leyenda que una hermosa doncella nacida en esa ciudad donde el prodigio es cotidiano, sintió en una noche – cuando el esplendor de las estrellas era como un anuncio y una presencia de que Dios vigila en forma perpetua la belleza del mundo – que su corazón se preparaba con íntimo regocijo para el encuentro perturbador con el amor. Se la nombraba como la Doncella de la Noche Azul y creíase que en el profundo enigma de sus ojos negros el destino de quienes la amaran podría ser comprendido y revelado. Y aconteció que una vez en que ella paseaba despreocupada y alegre por las proximidades de las monumentales puertas de la ciudad que en ese tiempo no era antigua, y desde donde se escuchaba el rumor ensimismado del Tigris, vio que se acercaba hacia ella un hombre extraño y como aureolado por una música que parecía engendrarse y orquestarse en el silencio también profundo y también despiadadamente negro de sus ojos árabes. Y como el amor es conflagración de luz y regocijo que estalla en el alma sin prólogos tediosos y sin palabras vanas, la Doncella de la Noche Azul supo que ese hombre que parecía emergiendo del Tigris era el hombre que había llegado para amarla. Sin embargo, le provocó un tenue desconcierto el verlo vestido con esa prenda llama sufu, que hecha de burda lana parecía algo insólito en esas tierras donde el desierto es caricia que incita a la desnudez. Alí-Salím-Balín llamábase el hombre que ella vio bajo el resplandor de las estrellas centelleantes. Díjole él que ella era un sueño que había soñado en siglos confusos de errancia y que provenía de tierras ignotas para enseñarle las delicias del amor y la sabiduría de Dios. Y ella creyó con fe inconmovible en sus palabras, pues amar es no tener dudas, y emprendieron a partir de ese mágico y místico instante un viaje que posiblemente aún no termina o se repite por las ciudades y los desiertos de ese universo, desde donde siempre el hombre ha buscado a Dios para mitigar su sed de infinito y poesía.

Alí Salím-Balín era miembro díscolo y poco ortodoxo de la secta de los sufíes, danzarín al borde del abismo, poeta de finas extravagancias que decía ser el mismísimo Shams al-Din, o el maestro esfumado y desaparecido sin dejar huella entre sus contemporáneos, el que le trasmitió la esencia del poetizar al maravilloso Jalal al-Din Muhammad Rumi, quien a su vez escribió 30.000 poemas para llorar la pérdida de su maestro. Alí le recitó a su amada versos enigmáticos que él soñó para ella y que después serían escritos por otros hombres para que la poesía fuese siempre lazo, alimento y goce del espíritu. Y le declamaba:

Desde que existimos pertenecemos a un juego.
Al moverme yo, te mueves tú.
Y es gracioso saber que ambos estamos ganando en ese juego.
Mírame y mira los muebles que he traído para este lugar invisible
donde viviremos siempre.

Y mientras el tiempo acontecía, o tal vez sólo acontecían los años que son los mensurables, los poemas de Alí Salim Balín encadenaban a sus deseos las gracias y los sueños de su muy amada Doncella de la Noche Azul. Y en ese amor sin pausa, enseñábale igualmente las etapas requeridas para alcanzar la posesión del conocimiento místico. Le habló y la instruyó en las formas del arrepentimiento, en la abstinencia de los deseos oscuros, en la renunciación, en la pobreza y el desprecio de los haberes materiales, en la paciencia, en la inquebrantable fe en Dios y en la aceptación de la voluntad divina. Y le prometió – como promesa pura y absoluta de su transparente amor – que así obtendría la gracia de Dios y que al obtenerla su conciencia alcanzaría la plenitud y tal vez ella llegaría a ser como Dios. Y que entonces el conocimiento, el conocedor y lo conocido serían una fusión en su mismo ser y que la felicidad que es el amor le abriría de nuevo y para siempre las puertas del paraíso.

Un día, Alí Salim Balín con iluminada certidumbre supo que la luz interior, el don simple pero absoluto de la gracia, le había sido concedido a su amada. Y díjole entonces que él debía partir y esa noche la instruyó en las danzas fantásticas y embriagadoras de los derviches, donde el cuerpo y el alma se fusionan con la vida y engendran el ser verdadero. Y la Doncella de la Noche Azul no sintió tristeza al verlo partir. Al partir él, ella había ganado una nueva luz para mirar el mundo. Y como no había tiempo, en su mirada renació la ciudad de Bagdad, eterna y absoluta como la poesía, resplandeciendo como Las mil y una noches, como una maravillosa lágrima de Dios que nadie nunca podría destruir con el correr futuro del tiempo y de la muerte.
Y concluye la leyenda narrando que en la infinita circularidad del tiempo, los amantes del Tigris protegen y vigilan esa lágrima iridiscente y mágica que ilumina el mundo.




2 comentarios :

gabrielmuelle dijo...

Maldito spam.

No sólo venimos bots (¿o sí?).

madame web dijo...

espero que no!
XD